viernes, 3 de abril de 2009

SENTIRSE BIEN ES TAN FÁCIL... Y YO ME SIENTO TAN BIEN

El título del post responde al estribillo de una canción de no se quién, y me viene a la cabeza al hilo de varios hechos: las protestas frente al G-20, los comentarios que he podido ver en algún periódico y la situación sindical en Telefónica.

Creo que ahora mismo existen grandes corrientes ideológicas en el mundo con sus múltiples matices y formulaciones, pero grandes bloques al fin y al cabo; en cuanto al pensamiento de derechas, ni me interesa ni voy a detenerme en él, aunque podemos decir que agrupa a todos aquellos que pretenden un sistema económico de mercado, con una intervención mínima o nula del estado, reducción de impuestos,... en definitiva, lo que se ha dado en llamar neoliberalismo en lo económico que tiene sus manifestaciones en otros terrenos más conocidas con la etiqueta neocon. No me gusta, pero al fin y al cabo tienen un modelo concreto, luchan por él, y por desgracia, han dado importantes pasos en esa dirección.

Lo que me preocupa de verdad se encuentra en la izquierda, donde no resulta difícil distinguir dos corrientes, de nuevo a nivel teórico y con todos los matices:
  • una posibilista, vinculada a la socialdemocracia aunque no en exclusiva, cuyo modelo económico consiste en un mercado libre controlado y rectificado por la intervención estatal, una protección social avanzada y una fiscalidad progresiva.
  • una, digamos, alternativa, vinculada a múltiples movimientos sociales, postmaterialistas, anticolonialistas, trotskistas, anarquistas, ex-comunistas, ... cuya principal debilidad es que carecen de un modelo propio, tienen lo que se podría denominar un "modelo negativo": saben a lo que se oponen, no lo que defienden.

Ahí es donde entra en juego el título del post: mientras en un caso impera la necesidad de obtener resultados que sean coherentes con el modelo propuesto, y se critica severamente cualquier alejamiento de ese paradigma, en el otro caso solo se les juzga por sus utopías, por sus sueños, no se sienten obligados a presentar una alternativa concreta para hoy, no para dentro de varias décadas. Y los sueños siempre son más bonitos que la realidad...

¿Podemos permitirnos el lujo de dejar que sea la derecha quien gestione la situación mientras nos manifestamos en contra de algo?¿No es más cómodo sentirse bien en unos ideales justos pero sin plasmación en lo concreto que tener que asumir que nuestro programa máximo no puede llevarse a cabo porque no es el programa máximo de todo el mundo?. Pero ¿que es más efectivo, lo uno o lo otro?